miércoles, 7 de marzo de 2012

¿Qué es ser mujer?

Iba a escribir algo relacionado con la mujer que quisiera ser, dado que mañana es 8 de marzo. Pero decidí que en vez de escribir sobre mí y homenajear a las que hacen todo bien, a las que se destacan, a las que son maravillosas y me inspiran, voy a hablar de la mujer que no quiero ser, esa que también día a día me cruzo en la calle y me quedo mirando sin entender el por que de su actitud.
Están las damas que sacan a pasear a sus perritos y a cagar las veredas de todos los vecinos con una indiferencia total, las que se te colan amistosamente con cara de 'permiso soy señora', las que te miran desde los pies hasta arriba con cara de lástima por que tu look no es 'in', las que detrás de un mostrador y sin mirarte a la cara te dicen espere en la fila antes de que le puedas decir nada, la que se putea en la calle con el conductor que la encerró pero no suelta el celular, la que te echa el humo de su pucho en la cara mientras esperas el colectivo, la que camina a toda velocidad mientras toma con fuerza la mano de un pibe chiquito sin notar que sus pies no la pueden seguir y así podría seguir enumerando a las señoras que me cruzo por la calle y me dejan pensativa.
Pero hoy me topé con una que es la peor de todas ellas, la que maltrata a sus hijos en la vía pública frente a la mirada a veces enojada, a veces sorprendida y lastimosamente siempre muda de quienes presencian ese momento. Por que digo la peor? Por que es la que humilla, abusa, maltrata y descarga su miserable vida contra quien no puede aun defenderse.
Cada vez que presto atención en la cola del supermercado escucho cosas que tal vez no debería oír, por que me despiertan el lado malo y termino afectada.
Hoy empecé un taller al que siempre quise asistir, de allí venía en la playera amarilla cuando recordé los impuestos en el bolso y me detuve a pagarlos, muy raro fue que no llevaba puesto el mp3, lo que me hizo vulnerable al accionar de las personas que me rodeaban.
Luego de mirar todas las cajas y elegir la que supuse me robaría menos tiempo de espera para pagar, caminé por el largo pasillo y me coloqué detrás de una chica rubia, con remera roja, minifalda de jean y ojotas, y esta descripción solo viene a lugar por si ella me lee algún día. Estaba apoyada en un carro de bebe. Junto a ella y el carro del que jamás vi el contenido estaba parado un niño rubio de unos 7 años, que cada vez que le hablaba la llamaba mamá.
Lo primero que le oí decir fue: soltá el carro! A lo que el niño respondió haciendo caso al pedido algo subido de tono de la joven que, por supuesto, no pasó inadvertido por los que estábamos a centímetros. La escena se repitió varias veces, con aumento de volumen y al final tuvo un cuestionamiento del niño que con cara de enojo le dijo: pero por que no me puedo apoyar? me duelen los pies. La chica lo tomó del brazo y empujó a una distancia que no le permitía alcanzar el carro. El nene se entretuvo mirando unos focos, pero cuando la fila movió, otra vez el grito: vení acá, que haces?
Me impacienté un poco al ver que todos giraron para ver, me dije si sería momento de decirle algo o no, me cuestioné que si le decía me iba a agredir a mi también y en todo caso no son nadie, no me conoce.
Pero los pensamientos se me pincharon como burbujas con un nuevo grito: no toques, quedate quieto, no te voy a comprar chicle! Esta vez no solo todos volvimos a mirarla con cara seria sino que la chica amagó con pegarle y el nene se cubrió la cara con ambas manitos pero con las palmas hacia afuera.
Comencé a preguntarme eso que muchas se preguntan. Todas merecen o deberían ser madres? ese sería otro tema.
Y otra vez el grito: salí de ahí, no toques los libros, los libros no se tocan!
Me indigné, me dolió, me sorprendió, me todo. El pequeño no había tocado nada, yo lo estaba mirando, solo se acercó a observar por que eran cuentos infantiles los exhibidos.
No solo le grita, lo maltrata delante de todos y no quiero pensar como será en su casa, lo humilla cuando todos los miramos y el nene agacha la mirada, no solo eso. No lo deja pararse como quiere, no lo deja observar las cosas que quiere, no lo deja leer la tapa de un libro muy colorido, en pocas palabras para mi, no se permite ser madre y mucho peor es que no le permite ser hijo, no puede ser niño.
Finalmente llegaron a la caja para que les digan que ese impuesto no se paga allí. Rápidamente se me perdieron de vista mientras el cajero me atendía.
Cuando llego a la puerta de salida la chica estaba por salir y para mi sorpresa, lo que creía muy malo se volvió bastante peor. Ella se colocó los auriculares, tocó varias teclas y comenzó a caminar. El niño le hablaba de atrás mientras la seguía de cerca, le contaba sobre algo mientras se lo señalaba, ella jamás lo miró, aunque él le gritó mamá y siguió señalando. No se si por que tenía música en los oídos o por que simplemente no quiere escuchar a su hijo, lo que es bastante más triste.
Mañana es el Día Internacional de la Mujer, y hoy elegí escribir para las que yo considero no completan esa palabra, para las que tal vez no se interesan por ser mujer o simplemente un ser humano con cada una de esas letras. Y lo escribo también por mí, por que con mi silencio evité una discusión o un insulto, evité defender a alguien que aun no puede. Tal vez por eso me siento mal, por que evité ser un poco más mujer.



2 comentarios:

Leonardo Javier Reale Inza dijo...

Increíble tu relato. A veces, ante estas situaciones que comentas uno se siente tan impotente que no sabe como actuar o que decir. Si te metes, llega la respuesta. Vos, quien sos para decirme que tengo o debo hacer. Y pensas, tuviste un hijo y es lo mejor que te puede pasar en la vida. No un método o un sistema para descargar ira. Muy bueno tu relato y con la naturalidad que lo describis. Que continuen los exitos...!!

Natys! dijo...

Leo: tal cual, no supe que hacer. Pero no hacer fue peor creo, por que me mastiqué la inacción después. Te mando un abrazo!