lunes, 29 de septiembre de 2008

Dormitorio al aire libre

Casi todas las noches se hace presente en el descampado de Av. Gral. Urquiza, entre López Francés y Perú, tiene un caminar lento como si estuviera cansado, lleva en sus manos bolsas viejas, trapos y cartones. Varios perros le hacen compañía en ese andar que pareciera no tener destino. Tiene por momentos la mirada perdida, por momentos charla con el almacenero del barrio, se ríe, hace bromas que algunas veces nadie entiende pero que de igual manera los presentes festejan.
Las calles son su casa, ese inmenso lugar que reconoce, camina y habita. Para cada vereda que recorre, cada porche que lo acoge, las casas abandonadas de la UNS que de vez en cuando le sirven de refugio y cada sitio en el que se sienta a matear o a tomar de su botella, él es uno más.
Para mí, “las calles bahienses” son un tema de composición, el puntapié inicial para escribir esta columna, para expresar alguna idea o contar alguna historia. Teniendo en cuenta que existen tantas realidades como personas sobre esta, nuestro querida, o no tan querida y olvidada tierra, debería sentir que este hombre, este “croto” (por que así es como le decimos aunque se oiga terrible el término) que deambula por las calles de mi barrio, es una victima más del modo de vida que los hombres hemos decidido llevar. Esta locura de correr, de buscar las últimas tecnologías, de consumir, de comprar y de ignorar a quien esta a nuestro lado por seguir viendo televisión.
No se si vive en las calles por que quiere o por que no tiene un lugar donde estar, tampoco me animé a preguntárselo. Sigo presa del temor al desconocido, con aspecto “desagradable” que pasa todos los días frente a mi puerta.
Las calles de Bahía Blanca, las calles de la provincia, del país y del mundo se han vuelto el hogar de millones de personas, sin discriminar edad o sexo.
La pobreza no discrimina, y lo que para mi es un tema más, para muchos otros es un hogar, o un lugar del que no se puede escapar.
Hoy esto debería ser un tema de inspiración, investigación y redacción, pero no he podido encontrar la manera de obviar esta realidad que impacta. Las calles bahienses, para muchas personas, también son el dormitorio, el cielo hace de techo, y el abrigo, son los diarios que yo a veces leo.

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